Biologismo
El biologismo designa la aplicación de términos, modelos o criterios biológicos a contextos sociales, culturales y colectivos para los que no resultan adecuados o en los que producen una fuerte simplificación. Fenómenos complejos como el género, la sexualidad, el comportamiento, la inteligencia, la familia o los roles sociales se reducen a menudo de forma unilateral a causas supuestamente naturales, genéticas, hormonales o evolutivas.
Una visión biologicista del género afirma, por ejemplo, que solo existen dos sexos claramente separados y que los comportamientos de género están determinados directamente por la biología. Con ello se ignoran factores como la educación, la socialización, la cultura, las relaciones de poder y la experiencia individual. Además, una simplificación de este tipo no corresponde necesariamente al estado actual de la investigación biológica, que describe el sexo, los rasgos corporales y el desarrollo de forma mucho más compleja.
Los biologismos se utilizan con frecuencia para dar a desigualdades sociales o prejuicios una apariencia de fundamento científico. Así, ideas queerfóbicas, misóginas, racistas, capacitistas u otras ideas discriminatorias pueden presentarse como “naturales” o “inmutables”. Lo problemático no es la biología como ciencia, sino su uso reduccionista, selectivo o ideológico para justificar normas y jerarquías sociales.