Sexismo
El sexismo designa prejuicios, desvalorización, desventajas o violencia basados en el género, el género asignado, la expresión de género o los roles de género asociados. Puede afectar a mujeres, personas trans, no binarias e intersex, así como a personas percibidas como “no suficientemente masculinas” o “no suficientemente femeninas”. Sin embargo, en sociedades marcadas por el patriarcado, el sexismo no opera de forma simétrica: afecta especialmente a mujeres, personas leídas como mujeres y a la feminidad, y está estrechamente vinculado a la desigualdad estructural.
El sexismo no se manifiesta solo en declaraciones abiertamente hostiles, sino también en expectativas aparentemente inofensivas, chistes, estereotipos, desigualdad salarial, acoso sexual, desvalorización del trabajo de cuidados, restricciones de la autonomía corporal o la idea de que ciertas capacidades, intereses o comportamientos pertenecen “por naturaleza” a un género. Los hombres cis también pueden verse limitados o desvalorizados por normas de género sexistas, por ejemplo cuando se castigan la vulnerabilidad, el cuidado o una masculinidad no normativa. Esto no cambia el hecho de que los hombres como grupo estén socialmente privilegiados en muchos ámbitos.
El sexismo es un fenómeno social y estructural, pero también puede aparecer en interacciones cotidianas entre personas. No todo acto dañino contra una mujer o una persona no masculina es automáticamente sexista; lo decisivo es si el género, los roles de género o la desvalorización de la feminidad o de la no conformidad desempeñan un papel relevante. Sexismo y misoginia se solapan ampliamente: el sexismo describe más bien el sistema amplio de trato desigual y normas de género, mientras que la misoginia se refiere especialmente a la desvalorización, hostilidad o control dirigidos contra mujeres, feminidad y personas asociadas a ellas.