Mononormatividad
La mononormatividad designa normas sociales que consideran lo “mono” como evidente o superior. El término se usa en dos sentidos distintos pero relacionados: por un lado, describe la suposición de que todas las personas son monosexuales, es decir, que sienten atracción exclusivamente por un solo género o grupo de géneros. Por otro lado, describe la suposición de que todas las personas viven o quieren vivir de forma monógama o monoamorosa, es decir, con una sola relación de pareja o amorosa exclusiva a la vez.
La primera forma de mononormatividad desvaloriza a las personas cuya orientación sexual no se dirige a un solo género, como las personas bisexuales, pansexuales, omnisexuales u otras personas bi+. Puede manifestarse mediante invisibilización, dudas sobre la “autenticidad” de la orientación, acusaciones de indecisión o hipersexualización, y está estrechamente relacionada con la bifobia o la hostilidad hacia las personas bi. La segunda forma afecta a personas que viven o desean vivir relaciones consensualmente no monógamas o poliamorosas. Puede expresarse en prejuicios, desventajas legales y sociales, desvalorización moral o en la idea de que el poliamor es por naturaleza inmaduro, inestable o menos comprometido.
Ambas formas de mononormatividad pueden formar parte de imaginarios heteronormativos, porque limitan las relaciones y el deseo a modelos estrechos socialmente esperados. En las citas, la sexualidad y el BDSM es importante no presuponer ni la orientación sexual ni el modelo relacional. Los encuentros respetuosos requieren conversaciones claras sobre deseo, expectativas relacionales, exclusividad, celos, límites, sexo más seguro y consentimiento, en lugar de tratar automáticamente los modelos monosexuales o monógamos como norma.